Tras casi dos mil años de historia, el Coliseo romano presenta un renovado espacio exterior con bloques de mármol travertino que recrean las columnas originales de la emblemática arena. La intervención se centra en una plaza semicircular ubicada fuera del anfiteatro, donde los antiguos espectadores esperaban su acceso a la arena.
El proyecto de restauración, diseñado por el arquitecto Stefano Boeri, buscó devolver a los visitantes la percepción de la proporción de las arcadas y la estructura de los arcos de entrada al Coliseo. Los bloques de mármol se colocaron exactamente donde se asentaban los pilares originales, mientras que en las losas se reprodujeron números romanos que indicaban las secciones de asientos.
Durante las excavaciones, los restauradores encontraron monedas, fragmentos de estatuas, huesos de animales y un anillo de oro. Más profundo, descubrieron el pasadizo subterráneo utilizado por el emperador Cómodo para ingresar al anfiteatro evitando al público, abierto al público desde el año pasado. El mármol travertino utilizado proviene de las mismas canteras que abastecían a los antiguos romanos, ahora empleadas también en edificios modernos, museos y templos.
El Coliseo, inaugurado como Anfiteatro Flavio alrededor del año 80 d.C., fue escenario de combates de gladiadores, cacerías de animales exóticos y ejecuciones públicas. Con la caída del Imperio romano, el recinto sufrió deterioro por saqueos y terremotos, hasta convertirse en refugio, fortaleza y cantera de materiales durante el Renacimiento. A partir del siglo XIX, se consolidaron las estructuras y se promovieron excavaciones arqueológicas que lo transformaron en símbolo histórico y turístico de la capital italiana.