Miles de familiares y colectivos de búsqueda marcharon ayer sábado 30 de agosto en distintas ciudades del país para conmemorar el Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada y exigir justicia, verdad y memoria para más de 133 mil personas desaparecidas en México.
En la capital, los manifestantes tapizaron la Glorieta de las y los Desaparecidos con fotografías y fichas de búsqueda, además de marchar hacia Palacio Nacional. Posteriormente, se celebró una misa en memoria no solo de las víctimas, sino también de al menos 30 personas buscadoras asesinadas en su labor.
“Hoy volvemos a encontrarnos en las calles y en este acto de memoria, un día que no debería existir, pero que existe porque miles de familias seguimos enfrentando la tragedia de la desaparición”, señaló Martha Leticia García, del colectivo Entre Cielo y Tierra.
Las movilizaciones se replicaron en varios estados:
- Guadalajara, Jalisco. Colectivos se manifestaron en Palacio de Gobierno, donde recordaron que “una persona desaparecida no sólo le falta a su familia, también le falta a la sociedad”.
- Durango. Miembros de Fuundec y Voz que Clama Justicia caminaron hasta la Alameda Zaragoza, donde realizaron una misa y colocaron fotografías en un muro y listones en un árbol metálico.
- Oaxaca. Colectivos advirtieron que la desaparición de personas “no es un hecho aislado, sino una tragedia cotidiana”, y denunciaron impunidad e indiferencia institucional.
- Culiacán, Sinaloa. Cientos de imágenes y zapatos de desaparecidos fueron colocados en la catedral. La entidad enfrenta un aumento de desapariciones ligado a la pugna entre grupos criminales.
- Reynosa, Tamaulipas. El Colectivo Amor por los Desaparecidos marchó hasta la Fiscalía local, con consignas que exigían justicia y respuestas.
- Cuernavaca, Morelos. Diversos colectivos marcharon de la iglesia El Calvario al Palacio de Gobierno, donde demandaron atender la crisis forense con métodos multidisciplinarios de identificación.
En un pronunciamiento conjunto, los colectivos señalaron que las familias viven en “incertidumbre y tortura permanente” ante la falta de respuestas y la revictimización.