En una demostración de fuerza y una clara escalada en su campaña contra el comercio ilícito de petróleo, la Guardia Costera de Estados Unidos incautó este miércoles dos petroleros vinculados a Venezuela en operaciones simultáneas y de alto riesgo. La más audaz: la captura de un buque bajo bandera rusa en el Atlántico Norte, desafiando directamente a una escolta militar de Moscú.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, anunció las operaciones ejecutadas antes del amanecer. La primera fue en el Mar Caribe, donde el petrolero M/T Sophia —sin bandera legítima— fue interceptado y abordado sin resistencia mediante un helicóptero. Un video térmico difundido por el Comando Sur muestra el momento del operativo. Según Noem, la nave realizaba “actividades ilícitas” vinculadas a Venezuela.
La segunda operación, sin embargo, marca un punto de inflexión. Tras una persecución de casi tres semanas, la Guardia Costera capturó al petrolero Marinera (también identificado como Bella 1) al sur de Islandia. Lo extraordinario es que el barco navegaba escoltado por buques de guerra y un submarino de la Armada Rusa. Washington procedió con la incautación pese a la presencia militar hostil, en una movida que expertos califican de “extremadamente provocativa”.
Contexto de máxima tensión
Ambas embarcaciones forman parte de la llamada “flota oscura” o “flota fantasma”, una red de buques que operan al margen de la ley para evadir las sanciones occidentales contra el petróleo venezolano. Las incautaciones se enmarcan en la “Operación Lanza del Sur”, la campaña estadounidense para erradicar actividades ilícitas en el hemisferio.
El operativo ocurre en un momento de fricción extrema entre Washington y Moscú, agravada por la reciente captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro y las polémicas declaraciones del presidente Donald Trump sobre Groenlandia. La decisión de interceptar un barco bajo protección rusa es interpretada como un mensaje de fuerza deliberado.
Consecuencias inmediatas
Las incautaciones refuerzan drásticamente la presión sobre los ingresos petroleros de Caracas, pero su costo político podría ser alto. Diplomáticos advierten que el desafío a la escolta rusa podría generar una respuesta militar o una crisis diplomática de proporciones. Moscú no se ha pronunciado oficialmente, pero se anticipa una reacción firme.
Mientras el M/T Sophia es escoltado a aguas estadounidenses, el destino del Marinera y la reacción del Kremlin definen ahora el siguiente capítulo de esta arriesgada jugada en el tablero geopolítico global.