Expertos advierten que el alza sostenida en precios y estancamiento salarial han convertido el sueño de la casa propia en una utopía para jóvenes y familias, forzándolos a un mercado de alquiler sin protección.
Contrario a la narrativa de “opción preferente”, un análisis de fondo revela que el auge de la renta en Durango es síntoma de una crisis estructural de acceso a la vivienda, donde jóvenes y familias no eligen, sino que son empujados a alquilar ante la imposibilidad económica de comprar.
Mientras la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI) habla de “estabilidad”, datos no oficiales y testimonios recabados en colonias populares muestran que los precios de renta han aumentado entre un 20% y 35% en los últimos dos años, muy por encima del incremento salarial. Lo que se presenta como un mercado dinámico es, en realidad, una válvula de escape para una generación excluida del crédito hipotecario.
La “llegada de familias de Sinaloa”, citada como factor de demanda, encubre un fenómeno más amplio: el desplazamiento interno por violencia e inseguridad, que presiona el mercado local y encarece las opciones para los duranguenses. Zones como Campestre, promocionadas por su plusvalía, se están convirtiendo en enclaves inalcanzables para la mayoría.
“Nos venden la renta como flexibilidad, pero es una trampa. Sin contratos justos, sin seguridad jurídica y con dueños que suben el precio cada año, las familias viven en la incertidumbre permanente”, denuncia Carlos Méndez, integrante del colectivo “Hábitat Digno Durango”.
A diferencia del discurso oficial, la tramitología y los contratos mencionados por AMPI no son garantía para inquilinos: en la práctica, la ausencia de una ley estatal de vivienda que regule los aumentos y proteja contra desalojos arbitrarios deja a miles en vulnerabilidad.
El informe “Vivienda y Desigualdad 2025”, del Observatorio Urbano de la Universidad Juárez, señala que Durango requiere al menos 12,000 nuevas viviendas de interés social anuales para cerrar la brecha histórica, una meta lejana en un mercado orientado a la renta de alto costo.
Mientras tanto, la llamada “mejora moderada” de la economía no se traduce en capacidad de ahorro para el enganche de una casa. La conclusión de analistas consultados es clara: no se trata de un cambio de preferencia, sino del fracaso de las políticas públicas de vivienda y del sistema financiero para incluir a las mayorías.