La situación fiscal de México muestra señales de alerta que podrían afectar su calificación crediticia en los próximos años. Con una deuda pública que se aproxima al 60% del Producto Interno Bruto (PIB), los analistas advierten que el país se encuentra cerca de un umbral considerado de riesgo elevado por los mercados financieros.
Expertos señalan que si el déficit fiscal, actualmente proyectado en torno al 4% del PIB, se mantiene junto con el uso de mecanismos de financiamiento no reflejados oficialmente como deuda, la calificación crediticia podría deteriorarse antes de 2030. Este escenario recuerda casos internacionales, como el de Brasil en 2016, cuando la pérdida del grado de inversión provocó devaluación de la moneda y aumento en los costos financieros.
El gobierno mexicano enfrenta el desafío de reducir el déficit fiscal, que en 2024 alcanzó niveles cercanos al 6%, para evitar que la deuda escale y garantizar la estabilidad económica. La fragilidad fiscal adquiere mayor relevancia en un año electoral, pues las presiones de gasto suelen aumentar, dificultando la recuperación necesaria para mantener la confianza de los inversionistas.
Históricamente, México ha mantenido una calificación crediticia estable desde 1992, sin ser considerado un país de riesgo especulativo. No obstante, si las tendencias actuales persisten, los especialistas advierten que el país podría cruzar esa frontera en un futuro cercano, lo que implicaría mayores costos de financiamiento y un impacto negativo en el crecimiento económico.