La detención de un niño de cinco años junto con su padre por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Minnesota ha generado una fuerte ola de indignación en redes sociales y entre autoridades locales y escolares, quienes acusan que el menor fue utilizado como “carnada” durante el operativo.
Los hechos ocurrieron el martes, cuando Adrián Alexander Conejo Arias, migrante originario de Ecuador, regresaba a su domicilio junto con su hijo Liam Conejo Ramos, ciudadano estadounidense, tras recogerlo de la escuela. De acuerdo con reportes de medios locales y del distrito escolar de Columbia Heights, ambos fueron interceptados por agentes federales en la entrada de su vivienda.
Según la versión de funcionarios escolares y testigos, pese a que otro adulto se encontraba en el domicilio y solicitó hacerse cargo del menor, los agentes se negaron y se llevaron también al niño. Incluso, denunciaron que un agente habría bajado al menor del vehículo y le pidió tocar la puerta de la casa para verificar si había más personas dentro, acción que calificaron como el uso del niño “como trampa”.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) rechazó estas acusaciones. En un comunicado, aseguró que “ICE no apuntó a un niño” y que el menor fue “abandonado” cuando su padre huyó a pie al notar la presencia de los agentes. “Por la seguridad del niño, uno de nuestros agentes se quedó con él mientras se realizaba la detención”, señaló la dependencia, agregando que los padres pueden decidir si sus hijos los acompañan o si son entregados a una persona de confianza.
Tanto el padre como el menor fueron trasladados a custodia federal en San Antonio, Texas. Autoridades escolares indicaron que la familia tiene un caso de asilo pendiente y no cuenta con una orden de deportación vigente.
El caso se suma a otros recientes en el mismo distrito escolar, donde al menos tres estudiantes más habrían sido detenidos en operativos migratorios en las últimas semanas, incluidos una niña de 10 años y un joven de 17, lo que ha encendido alarmas entre la comunidad.
“Nuetros hijos no deberían tener miedo de ir a la escuela ni de esperar en la parada del autobús”, declaró Mary Granlund, presidenta de la junta escolar, quien exigió garantías para la seguridad y el bienestar de los estudiantes y sus familias frente al incremento de operativos migratorios en la región.