La presidenta Claudia Sheinbaum defendió la reforma laboral que reduce de manera gradual la jornada máxima semanal de 48 a 40 horas, aprobada por unanimidad en el Senado, al señalar que cumple con una demanda histórica de la clase trabajadora sin afectar el salario ni las prestaciones.
Durante su conferencia del 12 de febrero de 2026, la mandataria sostuvo que el objetivo central de la iniciativa es disminuir el tiempo de trabajo manteniendo intacto el ingreso de los empleados.
“La demanda histórica de los trabajadores había sido 40 horas y estamos cumpliendo. Es importante que se garantice el ingreso, porque no es 40 horas a costa del salario, sino el mismo salario con reducción de tiempos de trabajo”, expresó.
La reforma —que ahora deberá continuar su proceso legislativo en la Cámara de Diputados como modificación al artículo 123 constitucional— establece un esquema de aplicación gradual. En 2026 se mantendrá la jornada de 48 horas como periodo de transición; en 2027 se reducirá a 46 horas; en 2028 a 44; en 2029 a 42, y finalmente en 2030 entrarán en vigor las 40 horas semanales.
De acuerdo con estimaciones oficiales, la medida beneficiará a alrededor de 13 millones de trabajadores formales en el país.
El dictamen también contempla que las horas extra podrán ser hasta 12 por semana y deberán pagarse al doble, conforme a lo establecido en la legislación laboral.
Uno de los puntos que ha generado debate es que la reforma no establece de manera obligatoria dos días fijos de descanso semanal. Se mantiene el esquema vigente de un día obligatorio por cada seis trabajados, lo que permite que las 40 horas puedan distribuirse en seis días.
Sectores de oposición y algunos representantes sindicales han señalado que la medida debió incluir la garantía de dos días de descanso consecutivos; sin embargo, Sheinbaum reiteró que la prioridad fue concretar la reducción de la jornada laboral, una demanda que —afirmó— se remonta a las conquistas sociales de 1917.