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    Comer mejor no siempre significa comer menos

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    Por: Licenciada en Nutrición y Master en Ciencias, María F. Chávez-Díaz L

    ¿Alguna vez has elegido un alimento porque tiene menos calorías, aunque no necesariamente sea más nutritivo? En un entorno donde las dietas y el control del peso ocupan buena parte de la conversación sobre salud, es fácil creer que mejorar nuestra alimentación consiste, principalmente, en reducir las porciones, contar calorías o eliminar ciertos alimentos.

    Hemos aprendido a relacionar comer menos con comer mejor. Cada vez que buscamos perder peso, convertimos en una estrategia habitual el elegir las versiones “light” de nuestros productos favoritos. Como si la cantidad de calorías fuera el único indicador de una alimentación saludable.

    Sin embargo, esta perspectiva deja fuera algo fundamental: no solo debemos considerar cuántas calorías estamos consumiendo, sino también qué nutrientes estamos aportamos a nuestro organismo.

    No nos equivoquemos, claro que las calorías son importantes, pero no lo son todo.

    La cantidad de energía que obtenemos de los alimentos y el equilibrio que mantienen en relación con el gasto diario de energía de nuestro organismo, es en parte lo que nos permite comprender los cambios en el peso corporal. No obstante, por sí solas no representan la calidad nutricional de lo que comemos.

    Reducir las porciones sin revisar la composición de la dieta puede llevarnos a consumir menos energía, pero también a dejar de cubrir necesidades nutricionales importantes y comprometer el adecuado funcionamiento del organismo. Del mismo modo, elegir un producto únicamente porque contiene menos calorías no garantiza que sea la opción más nutritiva ni la más conveniente.

    Dos alimentos pueden aportar una cantidad similar de calorías y, aun así, diferir considerablemente en su contenido de fibra, proteínas, vitaminas y minerales que ofrecen.

    Pensemos, por ejemplo, en las leguminosas como los frijoles o las lentejas, y pongámoslo en contraste con un producto elaborado principalmente con harinas refinadas y azúcares. Aunque ambos pueden formar parte de la alimentación, no necesariamente contribuyen de la misma manera a cubrir nuestras necesidades nutricionales para funcionar adecuadamente.

    Nutrientes como la fibra presente en frutas, vegetales y cereales integrales, participan en el buen funcionamiento intestinal, influye en la sensación de saciedad y puede ayudar a moderar la respuesta de la glucosa después de las comidas. Las proteínas que encontramos en alimentos de origen animal y leguminosas participan en el mantenimiento y reparación de tejidos, incluida la masa muscular. Las grasas saludables provenientes de semillas y granos contribuyen a numerosos procesos indispensables para la salud.

    Por eso, una alimentación saludable no debería basarse en clasificar los alimentos como buenos o malos exclusivamente por la cantidad de calorías que contienen. Por el contrario, deberíamos evaluar nuestra alimentación según el conjunto de decisiones que tomamos a diario y si estamos priorizando la calidad, variedad y capacidad que tienen los alimentos de satisfacer nuestras necesidades. Estos aspectos son relevantes no solo para el control del peso, sino también para la salud metabólica.

    Lograr este cambio de perspectiva no es algo menor. Implica pasar de una alimentación basada principalmente en la restricción a otra que también considere la suficiencia nutricional y la construcción de hábitos sostenibles.

    Al final, mejorar nuestra alimentación no siempre requiere comer menos de todo. En ocasiones, significa aumentar el consumo de alimentos ricos en nutrientes, diversificar nuestras elecciones, prestar atención a las porciones y construir una relación con la comida que no dependa exclusivamente de los números.

    Quizá sea momento de cambiar la pregunta con la que evaluamos nuestros hábitos alimentarios. En lugar de preguntarnos únicamente cuántas calorías tiene nuestro plato, deberíamos comenzar a cuestionarnos qué nos aporta y cómo contribuye a nuestro bienestar.

    El objetivo no debería ser simplemente comer menos, sino aprender a comer de una manera que nutra nuestro cuerpo, favorezca nuestra salud y además podamos mantener a lo largo de la vida.

    Estudiante del Doctorado en Ciencias y Actividad Física para la Salud

    Para mayor información ferchaveznutrición@hotmail.com