Por: Emmanuel Omar Ponce Dávila
Hay bebidas que se ponen de moda por su color, por una promesa exagerada o por la insistencia de las redes sociales. El jugo de betabel parece reunir las tres condiciones. Sin embargo, detrás de su tonalidad roja existe una conversación que sí vale la pena: cómo alimentarnos mejor y, sobre todo, cómo llegar a la vejez con la fuerza necesaria para vivir con independencia. Mi postura es sencilla: conviene mirar al betabel con interés, pero sin convertirlo en una solución milagrosa.
Cuando hablamos de salud en los adultos mayores, solemos pensar en análisis clínicos, presión arterial o consultas médicas. Todo eso importa, pero a veces olvidamos una pregunta igual de importante: ¿podemos levantarnos de una silla sin ayuda, caminar hasta la tienda, subir unos escalones o cargar nuestras compras? La fuerza muscular no es un lujo de quienes hacen deporte. Es una condición que puede marcar la diferencia entre decidir por uno mismo y depender de otros para tareas cotidianas.
El valor de lo cotidiano
Me parece que ahí está el principal mérito de hablar del jugo de betabel. No porque sea capaz de devolver años de juventud, sino porque nos invita a discutir la prevención y el cuidado de la capacidad física. Con la edad pueden disminuir la masa muscular, la fuerza y la potencia, que es la habilidad de aplicar fuerza rápidamente. No son conceptos idénticos. Una persona puede tener músculo, pero encontrar difícil levantarse con agilidad o reaccionar ante un tropiezo.
Por eso considero que cualquier propuesta nutricional dirigida a personas mayores debe evaluarse con una medida muy concreta: su utilidad para la vida diaria. Los anuncios que prometen energía inmediata o músculos más fuertes suelen pasar por alto lo esencial. Conservar la movilidad requiere tiempo, actividad física adaptada, suficiente alimentación, descanso y atención a las enfermedades existentes. Ningún alimento, por nutritivo que sea, reemplaza ese conjunto.
Lo que realmente aporta el betabel
El betabel, también conocido como remolacha, contiene betalaínas, pigmentos vegetales relacionados con su color intenso. Estas sustancias han mostrado propiedades antioxidantes y antiinflamatorias en investigaciones experimentales. Es un dato interesante, aunque sería incorrecto presentarlo como prueba de que beber jugo previene enfermedades. Los resultados de laboratorio no siempre se traducen en beneficios clínicos claros para todas las personas.
También contiene folato, potasio y nitratos de origen vegetal. Estos últimos son especialmente relevantes: el organismo puede convertirlos, mediante procesos en los que participan las bacterias de la boca, en óxido nítrico. Esta molécula interviene en la relajación de los vasos sanguíneos y en la regulación del flujo de sangre. Algunos estudios han observado reducciones moderadas de la presión arterial después de consumir jugo de betabel, aunque los resultados varían según la persona y la preparación.
En mi opinión, estos hallazgos merecen atención sin necesidad de adornarlos. No hace falta afirmar que una bebida “limpia las arterias” o “rejuvenece el corazón” para reconocer su interés nutricional. Es mejor explicar qué se ha observado, qué sigue siendo incierto y por qué las personas que toman medicamentos no deberían modificar su tratamiento basándose en recomendaciones populares.
¿Más fuerza en la vejez?
La pregunta más atractiva es si el jugo de betabel puede beneficiar a los músculos de los adultos mayores. Hay una razón biológica para investigarlo: los nitratos y el óxido nítrico podrían influir en la eficiencia del esfuerzo físico y en ciertos procesos relacionados con la contracción muscular. Algunas investigaciones pequeñas han encontrado mejoras en mediciones de potencia, tolerancia al ejercicio o desempeño en tareas específicas.
Eso no significa que el jugo produzca músculos más grandes ni que aumente de manera comprobada la fuerza máxima de cualquier persona mayor. Tampoco significa que un vaso diario evite la fragilidad. La evidencia todavía tiene limitaciones: los estudios pueden durar poco tiempo, utilizar concentraciones distintas de nitratos o incluir grupos reducidos de participantes. Sería irresponsable transformar resultados preliminares en promesas de recuperación muscular.
Aun así, encuentro valioso que se investigue la potencia muscular. Levantarse de una silla, dar un paso firme o recuperar el equilibrio exige que los músculos respondan oportunamente. Una posible mejoría en el rendimiento durante un esfuerzo podría ser útil en ciertas circunstancias. Pero debemos exigir pruebas de que esos cambios medidos en un laboratorio realmente se traducen en mayor autonomía, mejor movilidad y beneficios sostenidos en la vida cotidiana.
La verdadera receta incluye movimiento
Si tuviera que elegir una recomendación para preservar la fuerza en la vejez, no empezaría por una licuadora. Empezaría por el movimiento. Los ejercicios de resistencia progresiva, adecuados a la condición de cada persona, tienen un papel central en el mantenimiento muscular. Pueden incluir levantarse y sentarse de una silla, usar bandas elásticas, realizar movimientos con pequeñas cargas o seguir una rutina diseñada por un profesional.
También importan el equilibrio y la caminata. No todos los adultos mayores tienen las mismas capacidades, y sería injusto proponer una rutina única. Quien vive con dolor, fragilidad, antecedentes de caídas o problemas cardiovasculares puede necesitar una valoración previa. La meta no es competir con personas jóvenes, sino conservar o recuperar funciones que permitan disfrutar el día con seguridad y dignidad.
La alimentación acompaña ese esfuerzo. Consumir suficiente energía y proteína, dentro de las necesidades individuales, ayuda a sostener la masa muscular. El betabel puede ocupar un lugar agradable en una dieta con verduras, frutas, leguminosas y otros alimentos variados. Pero no sustituye las fuentes de proteína ni el estímulo que los músculos reciben cuando se ejercitan.
Cuidado con las expectativas
Existe una tentación frecuente en la conversación pública sobre nutrición: buscar un protagonista absoluto. Hoy es un jugo; mañana, una semilla o un suplemento. Creo que esa manera de presentar la salud termina perjudicando a quienes más desean cuidarse. Una persona mayor podría gastar dinero, abandonar actividades útiles o confiar en un remedio casero pensando que basta para recuperar su fuerza.
Es preferible hablar de beneficios potenciales y de decisiones informadas. El jugo de betabel puede formar parte de hábitos saludables y quizá ofrecer ventajas en ciertos indicadores del rendimiento físico. Sin embargo, no se ha demostrado que por sí solo prevenga caídas, cure la pérdida de masa muscular o revierta el envejecimiento. Reconocer estos límites no le resta valor: lo coloca en su justa dimensión.
Cómo incorporarlo con prudencia
Quien disfrute su sabor puede preparar una bebida con un betabel pequeño bien lavado, un vaso de agua y unas gotas de limón. Licuarlo sin añadir azúcar y evitar colarlo, cuando resulte agradable, permite conservar más fibra que en un jugo extraído y filtrado. Otra alternativa es comer el betabel cocido, rallado o en ensalada. No existe una porción casera universal que garantice mejoras de fuerza muscular.
Tampoco es recomendable aumentar sin control las cantidades. Las personas con antecedentes de cálculos renales de oxalato, enfermedad renal, presión arterial baja o tratamiento para reducir la presión deben consultar a un profesional antes de consumir grandes volúmenes regularmente. El betabel puede teñir temporalmente de rojo la orina o las heces, un efecto que suele ser inocuo, pero que no debe confundirse con síntomas que requieren atención médica.
Envejecer con autonomía
En el fondo, mi opinión no gira solamente alrededor del betabel. Gira alrededor de cómo entendemos el envejecimiento. A veces hablamos de los adultos mayores como si la pérdida de fuerza fuera inevitable y no quedara nada por hacer. Esa visión merece cambiar. Aunque existen cambios naturales asociados a la edad, hay estrategias que pueden ayudar a conservar capacidad física y participación social.
También debemos reconocer que no todas las personas tienen acceso a gimnasios, especialistas o alimentos costosos. Por eso resulta importante promover alternativas realistas, seguras y asequibles: caminar cuando sea posible, ejercitarse con orientación, mantener una alimentación suficiente y contar con espacios comunitarios donde moverse sin miedo. La prevención no debería ser un privilegio.
Si el interés por el jugo de betabel consigue que una familia converse sobre la fuerza de sus integrantes mayores, que alguien pregunte por ejercicios apropiados o que una persona revise su alimentación, entonces ya habrá impulsado algo positivo. El verdadero avance no será el vaso rojo sobre la mesa, sino la decisión de cuidar la autonomía todos los días.
Defiendo, por tanto, una idea equilibrada: sí al betabel como alimento nutritivo y como objeto legítimo de investigación; no a presentarlo como una cura o un atajo. La fuerza en los adultos mayores merece algo más serio que una moda. Merece información clara, oportunidades de movimiento, acompañamiento y respeto. Y si un vaso de jugo natural forma parte de ese camino, bienvenido sea, siempre que no confundamos el complemento con lo fundamental.
Estudiante del Doctorado en Ciencias de la Actividad Física para la Salud
Máster en Ciencias del Deporte, Opción: Biología
Licenciado en Educación Física
Emmanuel Omar Ponce Dávila
Para más información: p327789@uach.mx



