La gobernadora de Campeche, Layda Sansores, quedó en el centro de la controversia tras pronunciar una frase que fue catalogada como discriminatoria y racista durante la inauguración del Centro Libre de Violencia en Calakmul.
En su discurso, Sansores expresó: “Ser mujer, ser indígena y ser pobre es lo peor que te puede pasar en la vida”. La declaración provocó críticas inmediatas de organizaciones civiles y defensoras de derechos humanos, quienes exigieron una disculpa pública y la participación de la mandataria en cursos de derechos humanos, perspectiva de género y antirracismo.
Diversos colectivos señalaron que las palabras de la gobernadora refuerzan estereotipos históricos que asocian la identidad indígena con atraso y marginación. “Un discurso así reproduce visiones coloniales y blanqueadas que han sido utilizadas para justificar desigualdades”, advirtieron agrupaciones en un comunicado.
Tras el revuelo, Sansores buscó matizar su mensaje al resaltar que el objetivo de su intervención era invitar a romper el silencio y a visibilizar las múltiples formas de violencia que enfrentan las mujeres, particularmente en comunidades rurales e indígenas. La mandataria insistió en que el nuevo centro representa un espacio de acompañamiento y apoyo.
La polémica estalló en un contexto simbólico: la reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Campeche y los esfuerzos de la Secretaría de las Mujeres por consolidar políticas de igualdad en el estado.
Más allá de la tormenta política, el episodio reavivó el debate sobre la situación de las mujeres indígenas en México, quienes enfrentan una triple vulnerabilidad por su género, origen étnico y condición socioeconómica. Según cifras oficiales, este sector de la población tiene menor acceso a educación, salud y justicia, y altos índices de violencia de género.