La primera reunión bilateral entre el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebrada en suelo estadounidense desde 1988, concluyó este viernes en Anchorage sin acuerdos concretos sobre la guerra en Ucrania, aunque ambos mandatarios calificaron el encuentro como “productivo” y abrieron la puerta a nuevas conversaciones.
La cita se desarrolló en la base militar Joint Base Elmendorf-Richardson, en un ambiente cargado de simbolismo. Trump recibió a Putin con alfombra roja, saludo solemne, desfile aéreo con un bombardero B-2 y cazas F-35, e incluso un paseo conjunto en la limusina presidencial estadounidense, un gesto poco común en la diplomacia internacional.
Durante las conversaciones, los líderes abordaron principalmente el conflicto en Ucrania, pero no alcanzaron compromisos vinculantes. Trump reconoció que no hubo acuerdo de alto el fuego y trasladó la responsabilidad del siguiente paso al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski: “Ucrania tiene que hacer un trato”, afirmó. Putin, por su parte, aseguró que la reunión fue “útil” y dejó caer en inglés la frase: “La próxima vez en Moscú”, sugiriendo que estaría dispuesto a recibir a Trump en territorio ruso.
La falta de resultados concretos generó reacciones encontradas a nivel internacional. Mientras que desde Moscú se celebró que Washington no endureciera su postura, líderes europeos y autoridades ucranianas criticaron la ausencia de avances tangibles y alertaron sobre el riesgo de que Kiev quede marginado en el proceso de negociación. Zelenski reiteró horas antes de la cumbre que Ucrania “no cederá ni un centímetro de su territorio” en un eventual acuerdo.
A pesar de la sobriedad del balance oficial, la cita en Alaska representó un hito en la relación bilateral, marcada por tensiones desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. Para Trump, fue además la oportunidad de proyectar liderazgo internacional en su nuevo mandato.
El futuro de este diálogo aún es incierto, pero tanto en Washington como en Moscú se dejó abierta la posibilidad de un segundo encuentro. La incógnita es si, en medio de la guerra en curso y las presiones de la comunidad internacional, ese próximo capítulo se escribirá en la capital rusa.