Por: David H. Delgado-Benedey
La actividad física puede mejorar la calidad de vida de las mujeres sobrevivientes y favorecer los mecanismos celulares de defensa frente al estrés oxidativo.
Superar el cáncer de mama representa un paso importante; sin embargo, para muchas mujeres, el final del tratamiento no significa el fin de sus efectos secundarios. La fatiga, la pérdida de fuerza y masa muscular, la ansiedad y las alteraciones metabólicas pueden persistir y afectar su calidad de vida.
En este contexto, el ejercicio físico surge como una estrategia complementaria para favorecer la recuperación. La combinación de ejercicio aeróbico, como caminar o utilizar una bicicleta estacionaria con el ejercicio de fuerza, puede contribuir a mejorar las capacidades físicas, disminuir la fatiga y fortalecer la salud emocional y metabólica.
Pero sus beneficios podrían ir más allá de lo que podemos observar. Durante el ejercicio, el organismo experimenta cambios que estimulan sus mecanismos de adaptación y defensa antioxidante. Uno de los protagonistas de este proceso es NRF2, una proteína que regula la expresión de diversos genes relacionados con la protección celular frente al estrés oxidativo.
Cuando se activa, NRF2 puede favorecer la producción de enzimas antioxidantes que ayudan a mantener el equilibrio entre las especies oxidantes y los sistemas de defensa del organismo. Este mecanismo resulta de especial interés en las sobrevivientes de cáncer de mama, quienes pueden experimentar alteraciones relacionadas con el estrés oxidativo después de determinados tratamientos.
Aunque todavía se necesita más investigación para comprender cómo responde NRF2 al ejercicio en esta población, estudiar esta relación podría ayudar a explicar algunos de los mecanismos celulares asociados con sus beneficios.
La recomendación es individualizar el programa de ejercicio de acuerdo con el estado de salud, las secuelas del tratamiento y la capacidad física de cada mujer, con orientación profesional cuando sea necesario.
La recuperación no consiste solamente en superar la enfermedad, sino también en recuperar la fuerza, la confianza y la calidad de vida. El ejercicio físico puede ser un aliado importante en ese camino.
Estudiante del Doctorado en Ciencias y Actividad Física para la Salud
Licenciado en Motricidad Humana y Master en Ciencias, David H. Delgado-Benedey
Para mayor información dhdelgado@uach.mx



