El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus aliados han iniciado una estrategia de presión sobre los medios de comunicación que recuerda al modelo de control mediático aplicado por el primer ministro húngaro Viktor Orbán. Utilizando incentivos financieros, maniobras legales y campañas públicas, Trump busca alinear a los medios con su partido, castigando a los que se resisten y recompensando a los que obedecen.
El caso más reciente es la suspensión indefinida del programa “Jimmy Kimmel Live!” en la cadena ABC, propiedad de Disney, tras los comentarios del conductor sobre el asesinato del activista conservador Charlie Kirk. La cadena calificó los comentarios de Kimmel como “ofensivos e insensibles”, mientras que el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones, Brendan Carr, los criticó públicamente.
La medida desató una ola de apoyo a Kimmel entre celebridades y figuras políticas. Wanda Sykes, Mike Birbiglia, Rosie O’Donnell, Chris Hayes, Sophia Bush y Jean Smart defendieron la libertad de expresión del presentador y calificaron la suspensión como un ataque directo a los medios independientes.
El gobernador de California, Gavin Newsom, y legisladores como Cory Booker y Jasmine Crockett alertaron sobre una estrategia coordinada del gobierno estadounidense para controlar y censurar plataformas mediáticas, calificando la situación como peligrosa y preocupante para la Primera Enmienda.
La controversia abrió un debate nacional sobre los límites de la opinión en televisión y la influencia política sobre los medios, en un contexto donde Trump continúa utilizando herramientas gubernamentales y presión pública para fortalecer su poder político y mediático.