La influencer mexicana Marianne Gonzaga habló por primera vez desde su liberación, luego de pasar cinco meses en un centro de reclusión por el ataque con arma blanca contra Valentina Gilabert, ocurrido el 5 de febrero de este año en la alcaldía Álvaro Obregón.
En entrevista, Gonzaga reconoció que sus actos fueron “imperdonables” y que actuó “sin pensar en las consecuencias”. Explicó que su motivación fue la ruptura de una ilusión personal: “quería la imagen de la familia perfecta y me dolía lo que los demás pudieran pensar”.
“Aprendí a no perderme por un hombre y a no sacrificar mi vida por otra persona”, subrayó.
Entre el encierro y la ausencia
Sobre su estancia en prisión, relató que al llegar temía encontrarse con un ambiente hostil y condiciones precarias, como las que había visto en películas. Sin embargo, lo más doloroso fue no poder ver a su hija Emma, de un año, a quien no tuvo contacto durante todo el tiempo que estuvo detenida.
“Cada semana pedía verla, pero no se pudo. Eso fue lo más difícil”, dijo.
Libertad condicionada
Pese a estar fuera de prisión, Gonzaga sigue bajo libertad asistida y deberá cumplir condiciones durante dos años y tres meses más, además de realizar pagos y otros compromisos establecidos por las autoridades.
El ataque que protagonizó dejó a Valentina con múltiples heridas —entre 13 y 15 puñaladas— y la obligó a someterse a varias cirugías reconstructivas.
Una lección para el futuro
Marianne asegura que, cuando su hija crezca, le contará personalmente lo ocurrido: “Prefiero que se entere por mí y no por otras personas. Quiero que aprenda de mis errores y que nunca viva algo parecido”.
El caso de Gonzaga y Gilabert generó gran repercusión en redes sociales y medios, no solo por la violencia del ataque, sino por la reconciliación pública entre ambas, un episodio poco común en hechos de esta naturaleza.