La administración del presidente Donald Trump estaría considerando una estrategia militar inédita: lanzar misiles desde destructores navales contra objetivos narco-terroristas en América Latina. Este enfoque marca un giro audaz en la política antidrogas de Estados Unidos.
El plan apunta a frenar el tráfico de fentanilo y otras drogas hacia EE. UU. sin recurrir a despliegues terrestres masivos. Entre las opciones evaluadas se encuentran ataques selectivos con misiles y drones sobre líderes de cárteles, pistas clandestinas y laboratorios de drogas. Para reforzar la base legal de estas operaciones, algunos cárteles han sido clasificados como organizaciones terroristas, lo que abre la puerta a acciones militares más agresivas.
Hasta ocho buques de guerra, incluyendo destructores como el USS Sampson, han sido enviados al Caribe y al Pacífico, cerca de Colombia y Venezuela. La presencia militar estadounidense ha generado inquietud en el régimen de Nicolás Maduro, elevando las tensiones en una región poco acostumbrada a operaciones navales de gran escala.