La ola de violencia revive las críticas a la política de “paz total” del presidente Gustavo Petro
Colombia vivió este jueves una de sus jornadas más sangrientas de los últimos años. Un ataque con cilindros bomba contra la base aérea Marco Fidel Suárez, en Cali, y el derribo de un helicóptero de la Policía en Amalfi, Antioquia, dejaron al menos 18 muertos —6 civiles y 12 uniformados— y decenas de heridos, según el balance preliminar de las autoridades.
“Hoy ha sido un día de muerte”, declaró el presidente Gustavo Petro al atribuir los hechos a disidencias de las FARC. Ninguno de los grupos armados señalados se ha adjudicado los ataques.
Explosiones en Cali
El atentado en Cali, tercera ciudad más poblada de Colombia, ocurrió en la tarde contra la base aérea ubicada al norte. Testigos reportaron múltiples detonaciones, viviendas dañadas y escenas de pánico. La alcaldía informó que 65 personas resultaron heridas y decretó restricciones en la circulación.
El alcalde Alejandro Éder anunció una recompensa de hasta 400 millones de pesos (unos 100.000 dólares) por información que permita ubicar a los responsables. “No descansaremos hasta capturar a quienes sembraron terror en nuestra ciudad”, dijo.
En la zona fue hallada una furgoneta con cilindros bomba, aunque las autoridades descartaron que estuvieran cargados.
Helicóptero derribado en Antioquia
Horas antes, en Amalfi, Antioquia, un helicóptero de la Policía que realizaba labores de erradicación de cultivos ilícitos fue derribado. Murieron los 12 agentes a bordo. El general Carlos Fernando Triana calificó el hecho como un “acto terrorista”.
Mientras el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, atribuyó la acción al Clan del Golfo, Petro insistió en que el Frente 36 de las disidencias de las FARC estaría detrás del ataque.
Paz total en entredicho
Los atentados golpean directamente a la política de “paz total” de Petro, que busca negociar con múltiples actores armados, desde el ELN hasta las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo. Sin embargo, en los últimos meses la violencia se ha recrudecido en varias regiones del país, desde el Cauca hasta el Catatumbo, con masacres, desplazamientos y disputas por control territorial.
“Después de la derrota producida a la columna Carlos Patiño con la pérdida de buena parte del cañón del Micay, tenemos una reacción terrorista en Cali”, escribió Petro en X.
Críticas y polarización
La oposición responsabilizó al presidente del deterioro de la seguridad. El partido Centro Democrático, fundado por Álvaro Uribe, acusó al Gobierno de “proteger a criminales con el argumento de la paz total”. En la misma línea, el expresidente César Gaviria, líder del Partido Liberal, afirmó que la política de Petro “ha fracasado en su propósito de reducir la violencia”.
El mandatario respondió compartiendo cifras oficiales que muestran que la tasa de homicidios en su gobierno es más baja que en administraciones pasadas. A menos de un año para las elecciones presidenciales, la seguridad se consolida como el eje central de la polarización política en Colombia.
Un país en alerta
Los ataques del jueves se suman a una secuencia de hechos violentos en 2025, que incluyen el asesinato del senador opositor y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay en junio, considerado el primer magnicidio en tres décadas.
La percepción ciudadana es de creciente inseguridad, aunque los indicadores globales de violencia no alcanzan todavía los niveles de las décadas más oscuras del conflicto. Expertos advierten que los grupos armados han fortalecido su control sobre economías ilícitas y territorios estratégicos.