La División Ambiental del Gobierno de Nuevo León clausuró temporalmente el Centro de Bienestar Animal del municipio de Santa Catarina tras detectar irregularidades graves en el manejo de registros y en las condiciones de decenas de animales resguardados.
En la inspección se contabilizaron 79 ejemplares con falta de atención veterinaria, signos de desnutrición y áreas insalubres, según informó la Secretaría de Medio Ambiente estatal. La intervención ocurrió después de que usuarios difundieran en redes sociales imágenes de perros en evidente descuido y denuncias de que algunos habrían muerto dentro del albergue.
Mientras la dependencia documentaba el caso, el alcalde de Santa Catarina, Jesús Nava, minimizó la situación al asegurar que el centro seguirá operando y rechazó las acusaciones de crueldad. Sin embargo, colectivos denunciaron que al menos 70 perros fueron sacrificados tras semanas de abandono por falta de alimento, acusando directamente al edil por no asignar presupuesto suficiente ni protocolos de atención.
La indignación creció luego de que el gobernador Samuel García anunciara una investigación inmediata, tras convertirse el caso en escándalo político amplificado por figuras públicas como Ricardo Salinas.
Un patrón que se repite
Lo ocurrido en Nuevo León recuerda al caso de Ixtapaluca, Estado de México, donde un video reveló a personal del centro municipal decapitando perros con una sierra, además de denuncias por cirugías negligentes y animales usados como “práctica quirúrgica”. Ahí también, el alcalde Felipe Arvizu se deslindó y los trabajadores fueron procesados, mientras el sistema de crueldad llevaba años operando.
En ambos municipios, la historia es la misma: se exhibe el maltrato, los políticos se indignan, se sanciona a personal de bajo rango, y después, silencio. Nada cambia.
El trasfondo nacional
En México se estima que 33 millones de perros viven en la calle, y la cifra de gatos podría duplicar ese número. En municipios con escasos recursos, los animales abandonados compiten con la fauna silvestre y generan riesgos sanitarios; en zonas con presupuesto, el atajo más usado es la captura y sacrificio masivo.
El llamado “sacrificio humanitario” se presenta como solución rápida y barata, mientras que campañas de esterilización y adopción siguen siendo marginales. La Ciudad de México, por ejemplo, reportó apenas 403 adopciones en un año, cifra irrisoria frente a los millones de animales en calle.
El escándalo en Santa Catarina no es un hecho aislado, sino parte de una práctica institucionalizada: la crueldad como política pública. Mientras no exista una estrategia nacional seria, cada nuevo caso seguirá el mismo guion: imágenes desgarradoras, alcaldes indignados frente a cámaras, culpables menores señalados y millones de perros y gatos condenados a morir en silencio en las calles de México.