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    Vemos la tragedia, pero no vemos la causa

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    Por: Paul Daniel Moriel Quiralte

    “Todos los casos son tragedias para las familias, su entorno y todo el país.” OMS

    El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Una fecha que debería servir no solamente para hablar de quienes atraviesan una crisis, sino para preguntarnos qué tipo de sociedad estamos construyendo alrededor de ellos.

    Porque durante años hemos repetido una frase correcta, pero insuficiente: “Pide ayuda.”

    Quizá también deberíamos comenzar a preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para dejar de construir entornos que hacen más difícil estar bien?

    Hay algo particularmente doloroso en hablar del suicidio: conforme avanzamos por la vida descubrimos que casi nadie está completamente lejos de esta historia.

    Conocemos a alguien que alguna vez pensó en quitarse la vida. Tenemos un amigo o amiga que atravesó una depresión que nadie alcanzó a dimensionar. Sabemos de una familia que perdió a un hijo, hija, a un hermano, hermana, a un padre,  madre o a un amigo.

    O quizá, en algún momento que preferimos no contar, nosotros mismos hemos mirado hacia ese lugar oscuro y nos hemos preguntado cuánto más podríamos soportar.

    Por eso el suicidio parece lejano hasta que deja de serlo.

    Y cuando ocurre solemos hacer la misma pregunta: “¿por qué lo hizo?”, quizá también deberíamos preguntarnos cuántas veces minimizamos el dolor ajeno. Lo que para nosotros podía parecer un problema menor, una ruptura pasajera, una dificultad económica superable, un conflicto familiar sin demasiada importancia o incluso una preocupación exagerada, para la otra persona podía representar el problema más grande de su vida en ese momento. El dolor no se mide desde afuera. No existe una escala universal para determinar qué debería doler mucho y qué debería doler poco. Cada persona enfrenta sus problemas con una historia distinta, con herramientas emocionales diferentes y con cargas que los demás muchas veces desconocemos. 

    Por eso frases como “no es para tanto”, “échale ganas” o “hay gente que está peor” pueden parecer inofensivas, pero también pueden terminar invalidando un sufrimiento que para quien lo vive es completamente real. Por ello, una parte de la prevención consiste precisamente en dejar de juzgar el tamaño del problema y comenzar a escuchar el tamaño del dolor.

    Vemos el desenlace y pocas veces vemos el camino. Vemos el problema, pero no siempre vemos sus causas. No vimos las noches sin dormir. No vimos las comparaciones silenciosas. No vimos la sensación de fracaso. No vimos el aislamiento. No vimos la ansiedad. No vimos las pequeñas derrotas acumulándose hasta parecer insoportables.

    La Organización Mundial de la Salud advierte precisamente que el suicidio no tiene una causa única. Intervienen factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales a lo largo de la vida. Cada año mueren por suicidio más de 720 mil personas en el mundo y constituye la tercera causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2026a), en Chihuahua este es un problema grave.

    Por eso sería igualmente equivocado señalar a las redes sociales como “la causa” del suicidio. No lo son. Pero tampoco podemos seguir tratándolas como si fueran espacios completamente neutrales.

    Uno de los entornos en los que hoy construimos nuestra percepción del mundo está, literalmente, en la palma de nuestra mano.

    Abrimos una red social y encontramos vidas aparentemente perfectas, cuerpos perfectos, vacaciones perfectas, familias perfectas, restaurantes, promociones laborales, cumpleaños, viajes y sonrisas.

    Nadie publica con la misma frecuencia la deuda que no puede pagar, el matrimonio que se está deteriorando, el miedo a perder el empleo, la soledad de una noche difícil o esa sensación profundamente humana de no saber qué hacer con la propia vida.

    Autoridades sanitarias han advertido sobre los posibles efectos perjudiciales del uso excesivo de redes y pantallas, especialmente entre niñas, niños y adolescentes (U.S. Department of Health and Human Services, 2023).

    Quizá por ello valdría la pena algo tan sencillo como una advertencia periódica: “Lo que está viendo no representa la vida completa de otras personas. Haga una pausa.”

    Tal vez muchos cerraríamos el mensaje sin leerlo. Pero tendría una función importante: hacer visible un riesgo que normalmente olvidamos. Porque vemos fotografías, pero no vidas. Vemos éxitos, pero no fracasos. Vemos sonrisas, pero no sabemos qué ocurrió antes de que alguien tomara la fotografía.

    Y a veces vemos a una persona todos los días y tampoco sabemos lo que está viviendo.

    La OMS eligió para el periodo 2024-2026 el lema “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”, con un llamado a iniciar la conversación y combatir el estigma (OMS, 2026b).

    Durante mucho tiempo toda la responsabilidad ha recaído sobre quien sufre:

    Habla.

    Pide ayuda.

    No te aísles.

    Pero falta la otra mitad:

    escuchar, preguntar, observar y acompañar.

    Preguntar “¿cómo estás?” y estar verdaderamente dispuesto a escuchar una respuesta distinta de “bien”.

    Porque pedir ayuda requiere creer que existe alguien dispuesto a recibirla.

    El 10 de septiembre no debería ser únicamente un día para recordar a quienes ya no están.

    También debería ser un día para mirar con mayor atención a quienes todavía están aquí. Porque ésa es la parte más difícil del sufrimiento humano:no siempre se ve.

    Vemos el suicidio cuando ocurre. Vemos el problema. Pero pocas veces alcanzamos a ver sus causas.

    Prevenir comienza justamente aprendiendo a mirar antes de que sea demasiado tarde y dejando de juzgar el tamaño del problema y comenzando a escuchar el tamaño del dolor.

    Referencias

    Organización Mundial de la Salud. (2025, 25 de marzo). Suicidio. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

    Organización Mundial de la Salud. (2026a, 28 de agosto). Suicide. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/suicide/

    Organización Mundial de la Salud. (2026b). World Suicide Prevention Day 2026: Changing the narrative on suicide. https://www.who.int/campaigns/world-suicide-prevention-day/2026

    U.S. Department of Health and Human Services. (2023). Social media and youth mental health: The U.S. Surgeon General’s advisory. https://www.hhs.gov/surgeongeneral/priorities/youth-mental-health/social-media/index.html