Por: Mtro. Paúl Daniel Moriel Quiralte
Cuando se derrumba un viejo pilar institucional, lo que sostiene el edificio no es el vacío, sino la esperanza de que las nuevas columnas sean más fuertes y justas.
En Chihuahua, la justicia está de mudanza institucional. El Consejo de la Judicatura se despide y, en su lugar, se levantan dos nuevas columnas que deberán sostener el edificio judicial: el Tribunal de Disciplina Judicial y el Órgano de Administración. Lo que antes estaba concentrado en un solo órgano, ahora se divide en dos pilares distintos con tareas específicas.
El Tribunal de Disciplina Judicial será, en teoría, el guardián de la ética. Su misión será revisar la conducta de personas juzgadoras y personal del Poder Judicial en casos de conductas que pudieran constituir faltas administrativas. En sus manos estará el convertirse en la columna que sostenga la confianza ciudadana.
El Órgano de Administración Judicial, por su parte, será el administrador de la casa. Le tocará organizar al personal, vigilar cómo se usan los recursos y decidir en qué se invierte para modernizar la justicia. Su éxito se medirá en cosas muy concretas: juicios que avancen más rápido, trámites menos engorrosos, mejores servicios digitales. Si cumple con eficiencia, la ciudadanía lo sentirá en un servicio más cercano y transparente.
¿Por qué dividir lo que antes hacía el Consejo?
La lógica es sencilla: separar funciones para evitar conflictos de interés. Que la disciplina no se mezcle con la administración. En teoría, este diseño da más orden y más claridad.
Pero la práctica siempre pone a prueba la teoría. A la ciudadanía no le importan los organigramas. Lo que la gente espera es algo mucho más simple: que los juicios avancen, que las resoluciones sean claras y que la justicia se sienta cercana. Nadie celebrará que exista un nuevo Tribunal o un nuevo Órgano si eso no se traduce en beneficios palpables. De lo contrario, habremos cambiado nombres y sellos sin cambiar realidades.
En la tradición arquitectónica las columnas son símbolos de sostén y equilibrio. No solo son piezas decorativas: son la base que mantiene en pie a los templos. Hoy, el Tribunal de Disciplina y el Órgano de Administración son esas columnas que deberán sostener al Poder Judicial de Chihuahua.
Pero las columnas tienen una advertencia implícita: una sin la otra conduce al desequilibrio. Si una se quiebra, el edificio completo se tambalea. Disciplina sin administración sería castigo sin orden; administración sin disciplina sería organización sin ética. Solo unidas, cada una en su papel, pueden sostener la casa de la justicia.
La reforma ya está hecha. Lo esencial ahora no es la solemnidad de los decretos ni el brillo de las nuevas oficinas. Lo esencial es que estas dos columnas se conviertan en soporte vivo y firme de la confianza ciudadana. Porque al final, más que un diseño institucional, lo que está en juego es algo mucho más frágil: la fe de la gente en que la justicia puede ser recta, cercana y verdadera.