Alma Elena Sánchez Marcelo tenía 30 años y había viajado desde Chiapas con la esperanza de un futuro mejor. El 15 de junio llegó a la capital tras recibir la promesa de empleo en una obra de la colonia Narvarte Oriente, en la alcaldía Benito Juárez. Ese mismo día fue vista por última vez con vida.
Durante casi dos meses, su familia la buscó incansablemente. Su madre, preocupada por el silencio, contactó al hombre que la había invitado a la Ciudad de México. Él le aseguró que Alma había regresado a Chiapas, pero la realidad era mucho más cruel.
El jueves 14 de agosto, tras una confesión obtenida en un interrogatorio, la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México localizó el cuerpo de Alma Elena. Estaba emparedado entre dos muros en la parte trasera del predio en Zempoala 104, donde había trabajado.
El rescate del cuerpo se prolongó por más de siete horas e involucró a bomberos, peritos y maquinaria pesada. La escena, según testigos, fue devastadora.
El principal sospechoso es su pareja sentimental, identificado como “Toño”, vigilante nocturno de la obra, quien permanece prófugo. La Fiscalía abrió una carpeta de investigación por desaparición forzada cometida por particulares y trasladó el cuerpo al Servicio Médico Forense para determinar la causa de muerte.
Vecinos expresaron consternación al enterarse del hallazgo. Por su parte, el Instituto de Vivienda (INVI), responsable del proyecto habitacional, aseguró que colaborará con las investigaciones.
El caso de Alma Elena se suma a la larga lista de mujeres que llegan a la Ciudad de México en busca de oportunidades y encuentran un destino marcado por la violencia.